Nunca he sido de los que lloran viendo películas o programas, de hecho me cuesta trabajo enumerar más de dos o tres ocasiones en que ficción me haya hecho siquiera lagrimear, pero no me queda más que admitir que apenas se me están secando los ojos después de ver el final de temporada de House.
Supongo que ciertas circunstancias y el tema tratado me pusieron más "vulnerable" a la reacción que el capítulo tuvo, pero aún así no puedo negar que se la mamaron. Me es difícil poner a cualquier otra serie arriba de House en mi lista de "Best TV Shows EVER".
Y no es que sea uno de esos machos insensibles, el que no me afecten las películas tristes... es que simplemente la ficción rara vez me afecta de esa forma. De hecho, a riesgo de perder mi fama de semental sexy macho sexy, soy bastante sensible y mis ojos tienden a lagrimear sin avisarme en momentos emotivos.... pero en la vida real. Nunca con ficción.
Bueno, casi nunca. Pinche House.
Y no sólo es que la forma en que presentaron la trama fue magistral, que lo fue, si no también que ese tipo de despedidas (uy, mini spoiler, cuña cuñaaa) son de mis fobias sobrepensadas más cabronas.
Y la frase clave del programa (y motif importante de la serie entera) también fue daga directa. Es más la voy a usar como titulo del post. Ahí está. El profeta Jagger ha hablado.
La realidad tiene la castrosa tendencia de nunca alcanzar expectativas y golpearte de lleno en la cara con lo duro de...pues... la realidad.
En fin... si no están viendo House MD, están pal culo y necesitan revisar su trayectoria de vida. Porque yo lo digo.